Lejos de ser una apología de la violencia como fin en sí misma, la tradición marxista ha desarrollado un cuerpo teórico complejo que sitúa la fuerza en el corazón de la transformación social. Desde la célebre metáfora de Marx —la violencia como "partera de la historia"— hasta los análisis estratégicos de Engels sobre la guerra, pasando por la teoría leninista de la insurrección y el concepto de acumulación originaria, el marxismo ofrece un marco integral para comprender el papel de la violencia en la gestación de nuevas sociedades.
Este folleto articula las principales contribuciones de esta tradición, mostrando cómo la violencia no es un accidente en la historia, sino un elemento estructural en la transición de una formación social a otra.
En el Manifiesto Comunista (1848), Marx y Engels sostuvieron inequívocamente que "el motor de la historia es la lucha de clases y que la violencia es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas el germen de una nueva".
Esta metáfora no es retórica vacía, sino que expresa una concepción dialéctica del cambio histórico: así como el parto implica dolor y ruptura, la transición de una formación social a otra requiere quebrar la resistencia de las clases dominantes. Las revoluciones sociales son violentas porque las minorías dominantes se perpetúan en el poder empleando la fuerza —el aparato estatal de represión a su servicio— y se aferran a él "a sangre y fuego".
Marx expresó con particular ironía en La guerra civil en Francia (1871) la doble moral de la burguesía respecto al uso de la fuerza:
Esta doble moral —la violencia legítima cuando la ejerce el Estado, criminal cuando la ejercen los oprimidos— es para Marx y Engels una constante histórica que desenmascara el carácter de clase del derecho y la moral burgueses.
Si Marx fue el economista del materialismo histórico, Engels fue su estratega militar. Apodado "El General" por la hija de Marx, Engels escribió cerca de la mitad de sus artículos para el New York Daily Tribune sobre conflictos armados. Su interés por la guerra no era un pasatiempo erudito, sino una necesidad derivada de una convicción fundamental: "si para transformar el mundo huelga conocerlo, aprender sobre la guerra resulta ineludible, tanto por razones epistemológicas como estratégicas".
Engels acertó en advertir que el desarrollo de las fuerzas armadas y de la tecnología militar sigue el simultáneo desarrollo del capitalismo y la evolución del Estado. En Anti-Dühring sintetizó:
La Comuna de París (1871) constituyó para Marx y Engels un laboratorio histórico de extraordinaria importancia. La lección más importante que extrajeron fue formulada en el Prefacio al Manifiesto Comunista de 1872:
La clase obrera debe destruir el aparato estatal existente, no simplemente apoderarse de él. Esta afirmación constituyó un punto de inflexión en la teoría marxista de la revolución.
La tradición leninista dedicó buena parte de su reflexión a definir las condiciones que hacen posible una revolución. En La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo (1920), Lenin sintetizó:
Esta frase condensa una visión dialéctica de la crisis revolucionaria. No basta con la miseria de las masas; se requiere que la clase dominante sufra una crisis de autoridad que la incapacite para gobernar por los medios tradicionales.
| Elemento | Descripción |
|---|---|
| Crisis de las clases altas | Incapacidad para mantener el dominio inalterado. |
| Agravamiento de las necesidades de las masas | Miseria y descontento por encima de lo habitual. |
| Aumento de la actividad de las masas | Paso de la pasividad a la acción. |
Para el leninismo, la revolución no era un acontecimiento que simplemente "ocurría" cuando maduraban las condiciones económicas. Exigía una organización consciente que pudiera canalizar el descontento hacia objetivos políticos concretos:
La tradición leninista sostenía que la insurrección debía entenderse como un arte que requiere:
La violencia revolucionaria debía aplicarse en el momento preciso y con el objetivo de destruir el aparato estatal burgués, no como un fin en sí mismo.
Marx dedicó el capítulo XXIV de El Capital a lo que denominó acumulación originaria, el proceso histórico mediante el cual se crearon las condiciones para el surgimiento del capitalismo. Este proceso no fue pacífico ni evolutivo, sino violento:
Marx insiste no solo en el papel clave del Estado burgués en estos crímenes, sino en una tesis fundamental:
Teóricos contemporáneos como David Harvey han actualizado este concepto bajo el nombre de acumulación por desposesión. Según Harvey, la acumulación originaria no es un fenómeno limitado a los orígenes del capitalismo, sino un proceso permanente que se reactiva en cada crisis:
Mientras en las sociedades del capitalismo avanzado la acumulación toma formas de explotación, financiarización y privatización, en las sociedades de capitalismo atrasado persiste intensivamente el ciclo de asesinato, saqueo y desposesión como forma central de reproducción del capital. La acumulación originaria o por desposesión seguirá como un ciclo abierto en sociedades que no han logrado la extensión espacio-temporal de sus procesos de acumulación.
El caso colombiano ilustra de manera paradigmática cómo la violencia y el despojo operan como mecanismos centrales de acumulación capitalista en la periferia. En el actual ciclo, han sido desplazadas violentamente del campo colombiano más de 7,7 millones de campesinos. El drama de los desplazados tiene de fondo una profunda transformación de la antigua estructura agraria hacia un nuevo sistema agroindustrial cuyo eje es la producción de palma africana, caña y soja para agrocombustibles, además de los enclaves mineros y petroleros.
La apertura de cada ciclo de reorganización del capital en Colombia ha traído aparejado un proceso intensivo de acumulación originaria. Como lo documentan las confesiones de los paramilitares ante Justicia y Paz, el desplazamiento no ocurrió como producto de la confrontación entre guerrilla y ejército, sino como producto del brutal saqueo:
El marxismo analiza la crisis como una relación permanente y recurrente en la sociedad capitalista, expresada en la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Marx demostró cómo, a medida que se incrementa el capital constante (maquinaria, tecnología) en proporción al capital variable (trabajo), la cuota de ganancia tiende a caer, generando crisis periódicas.
En cada crisis, el capital busca recomponer su rentabilidad mediante diversos mecanismos, entre ellos:
La escuela de la regulación (Aglietta, Boyer) ha mostrado cómo el capital se reorganiza desde la producción de un nuevo régimen de regulación ante cada crisis:
El pensamiento de Engels sobre la violencia y la guerra ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Sus textos, "a menudo ignorados por futuras generaciones de socialistas-pacifistas", analizaban los conflictos actuales y pretendían ver qué lecciones de las guerras interestatales se podían sacar para las guerras de clases.
La teoría marxista de la violencia no es una apología de la fuerza bruta, sino un intento riguroso de comprender su lugar en la historia y su papel en la transformación de las sociedades. Para Marx, la violencia era "la partera de la historia": no la fuerza creadora de lo nuevo, pero sí el instrumento necesario para que lo nuevo pudiera nacer frente a la resistencia de las clases dominantes.
Como recordó Marx en su Discurso a la ocasión del 7º aniversario de la I Internacional (1871):
Esta afirmación condensa el núcleo del pensamiento marxista sobre la violencia revolucionaria: no un culto a la fuerza, sino la conciencia de que la emancipación de los oprimidos exige enfrentar la violencia de los opresores con la fuerza organizada de la clase trabajadora.
Marx, K. y Engels, F. (1848). Manifiesto Comunista.
Marx, K. (1871). La guerra civil en Francia.
Engels, F. (1878). Anti-Dühring.
Engels, F. (c. 1888). El papel de la violencia en la historia (proyecto inconcluso).
Lenin, V. I. (1902). ¿Qué hacer?.
Lenin, V. I. (1917). El Estado y la revolución.
Lenin, V. I. (1917). Tesis de abril.
Lenin, V. I. (1920). La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo.
Marx, K. (1894). El Capital (Tomo III).
Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo.
Aglietta, M. (1979). Regulación y crisis del capitalismo.