La historia de Nuestra América es, en esencia, el relato continuo de un combate entre la emancipación y el sometimiento. A lo largo de los siglos, dos proyectos geopolíticos y sociales han estado en permanente pugna: por un lado, el Bolivarianismo, un proyecto de integración soberana y justicia social forjado en las luchas independentistas; y por el otro, el monroísmo, una doctrina imperial e injerencista que ha buscado convertir a Latinoamérica en el patio trasero de potencias extranjeras.
El Bolivarianismo defiende como pilares fundamentales la independencia, la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos, la integración suramericana y la consolidación de proyectos de justicia social. Por el contrario, el monroísmo promueve la dependencia, la desigualdad, la injusticia y la hegemonía expansionista que se resume en la premisa de "América para los americanos".
El Libertador Simón Bolívar dotó a los pueblos americanos de una doctrina de liberación. Entendió tempranamente que la independencia política frente al imperio español no sería suficiente por sí sola para garantizar el bienestar de las naciones suramericanas. Por lo tanto,
Para comprender la Doctrina Bolivariana, es preciso desmitificar la figura de Bolívar como un simple estratega militar.
Su doctrina no se limitó a la teoría, sino que se forjó en la praxis misma de la revolución.
Bolívar comprendió que la supervivencia de las nuevas repúblicas dependía de la creación de "nacionalidades grandes" capaces de imponer condiciones de respeto frente al Viejo y al Nuevo Mundo. Su visión estratégica proponía una "Liga Confederal perpetua de las antiguas colonias españolas", fundamentada en una profunda comunidad de intereses, origen, lengua y religión. Este proyecto geopolítico buscaba crear un equilibrio en el universo y contrarrestar el avance de las potencias opresoras.
En la práctica, Bolívar ligó indisolublemente el ideal de la libertad con el de la justicia social. Ante un continente marcado por la opresión,
A diferencia de las oligarquías criollas que buscaban heredar los privilegios de los españoles, Bolívar enfrentó a las élites aristocráticas destruyendo los estamentos feudales de la época.
La revolución comandada por Bolívar fue la primera guerra de liberación nacional en la historia moderna que se propuso simultáneamente derrotar a un imperio e instaurar la igualdad social. Los ejes centrales de su práctica como doctrina incluyen:
La metáfora del "fuego sagrado" recorre las venas del Bolivarianismo como símbolo del amor inextinguible por la libertad y la resistencia de los pueblos. Ya Napoleón Bonaparte, al referirse al precursor Francisco de Miranda, advertía que a ese hombre "le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad".
Ese mismo fuego sagrado fue el que encendió el corazón de Simón Bolívar, llevándolo a jurar en el Monte Sacro la liberación de América y a cruzar los Andes en gestas imbatibles.
A pesar de la inmensa obra de Bolívar, el proyecto originario fue traicionado por las oligarquías locales y saboteado por fuerzas extranjeras, lo que llevó al Libertador a afirmar poco antes de morir que había "arado en el mar". Sin embargo, ese fuego no se extinguió; quedó como una brasa ardiente en la memoria popular, esperando el momento histórico para despertar nuevamente con la fuerza del mito indígena de Quetzalcóatl, prometiendo el retorno para renovar la felicidad y la libertad de sus pueblos.
A finales del siglo XX, el Comandante Hugo Chávez Frías recogió esa espada y avivó nuevamente el fuego sagrado del proyecto bolivariano. Chávez denunció cómo la oligarquía apátrida había traicionado a Bolívar, convirtiéndolo en una estatua de bronce inerte y usando su nombre falsificado para explotar al pueblo y vender la patria.
Chávez relanzó la batalla histórica, convirtiendo a Venezuela en la vanguardia de la resistencia antiimperialista del siglo XXI.
Chávez comprendió que el Bolivarianismo auténtico exigía declararse radicalmente antiimperialista, radicalmente revolucionario y radicalmente comprometido con los excluidos. Bajo su visión,
Tomando la llamarada viva del Libertador, Chávez exclamó: "¡Bolívar en mis manos está tu llamarada!", jurando conducir al pueblo hacia la independencia definitiva frente a las nuevas formas de dominación del capitalismo global.
Para darle un sustento ideológico sólido y autóctono a la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez plasmó en el Libro Azul el modelo teórico-político denominado Sistema EBR, o el "Árbol de las Tres Raíces". Este sistema extrae su sabiduría de tres preclaros venezolanos para guiar el Proyecto Nacional Simón Bolívar hacia el siglo XXI.
Primera Raíz: Raíz Robinsoniana (Simón Rodríguez)
Representada por la "R", esta raíz se fundamenta en el pensamiento del maestro de Bolívar, Simón Rodríguez (quien usó el seudónimo Samuel Robinson). Su filosofía parte de una disyuntiva histórica vital para América Latina: crear instituciones nuevas y auténticas, o fracasar intentando copiar a Europa y Norteamérica. Su consigna central es:
El modelo robinsoniano persigue un modelo de sociedad solidaria basada en la educación popular, donde los hombres sean dueños de su voluntad y aprendan a gobernarse a sí mismos.
Segunda Raíz: Raíz Bolivariana (Simón Bolívar)
Representada por la "B", se proyecta sobre el pensamiento de "El Líder". Bolívar toma la premisa de su maestro y la aplica a la macropolítica y la geopolítica. Su modelo aporta la estructura del Estado Nacional, la igualdad, la libertad y la integración latinoamericana. Su visión llama a derribar "las funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos" para construir un código de leyes verdaderamente nuestro y forjar una gran nación que imponga el equilibrio del universo.
Tercera Raíz: Raíz Zamorana (Ezequiel Zamora)
Representada por la "E", esta raíz completa la trilogía ideológica aportando la fuerza insurgente y popular del "General del Pueblo Soberano", Ezequiel Zamora. Inspirado a su vez por Rodríguez y Bolívar, Zamora encabeza la insurrección campesina a mediados del siglo XIX contra la oligarquía conservadora que había traicionado los ideales de la independencia.
Las consignas de Zamora estremecen el modelo con una fuerte carga de justicia social y guerra de clases:
Zamora representa la continuación del proceso revolucionario a favor de las masas campesinas, buscando establecer un gobierno federal que asegurara para siempre la libertad y la igualdad social que Bolívar soñó.
La conjunción de estas tres raíces (Robinson, Bolívar y Zamora) alimenta un solo proyecto emancipador. Según la visión del Comandante Chávez, la amalgama de este Sistema EBR orienta a la Nación hacia una situación-objetivo de largo plazo:
El estudio de la Doctrina Bolivariana, el avivamiento del Fuego Sagrado y la comprensión del Árbol de las Tres Raíces nos demuestran que
Hoy, el escenario geopolítico plantea la misma disyuntiva histórica bajo nuevas máscaras. El Comandante Chávez lo dejó claro: solo existen dos opciones. Por un lado, la opción burguesa, capitalista y retrógrada (el monroísmo y el tutelaje imperial). Por el otro,
Quienes hablan de libertad mientras protegen privilegios económicos operan como los falsos demócratas del pasado. Por ello, empuñar la doctrina de Bolívar hoy exige un compromiso ético inquebrantable. El fuego sagrado arde en la lucha diaria por proteger los recursos de la nación y defender el derecho a la soberanía. Frente al despojo imperial y la oligarquía apátrida, las voces de Bolívar, Zamora y Rodríguez resuenan en las palabras de Chávez: