3 de enero de 2026. La confrontación geopolítica entre Estados Unidos y China por América Latina trascendió las amenazas y las sanciones para convertirse en una intervención militar directa. Esa madrugada, fuerzas del Comando Sur de Estados Unidos ejecutaron un ataque a gran escala contra Venezuela. En una operación de menos de treinta minutos que involucró unos 150 aviones provenientes de 20 bases distintas, las fuerzas estadounidenses desactivaron los sistemas de defensa aérea venezolanos, bombardearon objetivos militares y civiles en al menos cuatro estados (Caracas, Aragua, Miranda y La Guaira) y capturaron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladándolos a Nueva York para enfrentar cargos judiciales. El saldo fue de más de cien muertos, incluyendo 47 militares venezolanos y 32 militares cubanos, además de dos civiles. El presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos "administraría" Venezuela.
Este hecho no fue un acto aislado, sino la culminación de una escalada que comenzó meses antes con el bloqueo naval, la confiscación de buques y la designación del gobierno venezolano como "organización terrorista extranjera", y constituye la evidencia más contundente de la apuesta de Washington por la remilitarización en su disputa geopolítica con China por el control de América Latina.
La relación económica entre China y América Latina ha alcanzado una escala sin precedentes. El comercio bilateral alcanzó un récord de 549.000 millones de dólares en 2025, muy por encima de los 425.000 millones de 2023. Durante los primeros cinco meses de 2026, el volumen comercial ya sumaba 247.300 millones de dólares, un crecimiento del 17,6% respecto al mismo período del año anterior. Las exportaciones de América Latina crecieron casi un 16% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período de 2025.
La inversión china en infraestructura y energía en la región supera los 140.000 millones de dólares entre 2005 y 2023. El megapuerto de Chancay en Perú, inaugurado en 2024 con una inversión de 1.300 millones de dólares (60% de Cosco Shipping y 40% de la minera Volcan), ha reducido el tiempo de travesía hacia Asia de 35 a 23 días. En sus primeros meses de operación, movilizó volúmenes significativos: entre enero y septiembre de 2025, el 62% de las agroexportaciones peruanas hacia China se movilizaron a través de Chancay. En los primeros cinco meses de 2025, el comercio a través del puerto superó los 777 millones de dólares. Se proyecta que la terminal movilice 350.000 TEU en 2025 y supere los 700.000 TEU en 2026, posicionándose como el segundo puerto más activo del país.
El corazón de la paradoja latinoamericana se mantiene inalterado: su integración con China la consolida como proveedora de materias primas, no como socio industrial. La participación de productos primarios en las exportaciones latinoamericanas a China aumentó del 26% al 72% entre 2000 y 2023. Chile exporta cobre, no cables; Perú exporta minerales, no maquinaria; Brasil exporta soja, no alimentos procesados.
⛏️ Dinámica estructural: La transición energética de China requiere cantidades masivas de cobre y litio. Chile y Argentina proveen el carbonato de litio, pero China controla el 70% del procesamiento global y el 60% de la producción de baterías. América Latina provee la materia prima; China captura el valor agregado estratégico.
Brasil recuperó en 2025 el primer lugar mundial en recepción de inversión china, atrayendo el 10,9% del capital total de salida. El interés de las empresas chinas por la región sigue creciendo: el 76% de las empresas consultadas planea aumentar su inversión en Chile, el 73% en Argentina y el 72% en México. Pero la naturaleza de estas inversiones —centradas en recursos naturales y energía— profundiza el patrón extractivo.
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó el ataque militar más audaz en el hemisferio occidental desde la invasión de Panamá en 1989. La operación, denominada "Absolute Resolve" (Resolución Absoluta), fue ensayada durante meses en una réplica exacta de la residencia de Maduro. A las 2:01 a.m. hora local, helicópteros estadounidenses aterrizaron en el Fuerte Tiuna, la principal base militar de Caracas, y capturaron a Maduro y su esposa.
El objetivo estratégico de la operación era doble. Por un lado, derrocar al régimen de Maduro. Por otro, y más importante en el contexto de la disputa con China, enviar un mensaje inequívoco: Estados Unidos está dispuesto a usar la fuerza militar para bloquear la influencia china en el hemisferio occidental. China condenó el ataque como una violación de la Carta de la ONU y un "acto de agresión", pero su respuesta fue predominantemente verbal. Pekín no ofreció respaldo militar sustancial a Maduro, dejando claro que no está dispuesta a una confrontación militar directa con Estados Unidos por Venezuela.
El ataque del 3 de enero no fue un hecho aislado, sino el punto culminante de una campaña de presión que incluyó el bloqueo naval y la confiscación de petroleros. Para el 9 de enero, las fuerzas estadounidenses habían incautado al menos tres buques cisterna que transportaban crudo venezolano. La administración Trump anunció que planeaba asumir el control efectivo sobre la venta del petróleo venezolano, desplazando a China del control de los flujos energéticos que había mantenido durante años.
El megapuerto de Chancay se ha convertido en el epicentro de la disputa comercial. Lo que Beijing presenta como una obra de cooperación infraestructural, Washington lo percibe como una amenaza a su influencia hemisférica. La presidenta peruana, Dina Boluarte, admitió que "al presidente Trump no le ha gustado" la obra financiada por China.
⚡ Respuesta de EE.UU.: En abril de 2025, impuso aranceles del 10% a productos peruanos. Mauricio Claver-Carone, asesor del equipo de transición de Trump, llegó a plantear la posibilidad de un arancel del 60% a los productos que ingresen a EE.UU. desde Chancay. Los aranceles aplicados oscilan entre el 10% y el 100%, afectando productos clave como el cobre semiacabado, con exportaciones valoradas en 910 millones de dólares en 2024.
China rechazó "firmemente" las declaraciones estadounidenses, acusando a Washington de "fabricación y difamación flagrantes". Perú queda atrapado en medio de esta pulseada: cerca de un tercio de sus exportaciones tienen como destino China, mientras que una proporción similar de las importaciones proviene del país asiático. La disputa por Chancay no es solo sobre un puerto; es sobre quién controla las rutas comerciales del Pacífico Sur y el acceso de Sudamérica a los mercados asiáticos.
El tercer frente de esta disputa se libra en el dominio digital. El 27 de enero de 2026, el ministro de Transportes chileno, Juan Carlos Muñoz, firmó el decreto de concesión para un cable submarino de fibra óptica que conectaría Chile con Hong Kong — el proyecto "Chile-China Express". El consorcio, liderado por China Mobile, China Telecom y China Unicom, planeaba tender casi 20.000 kilómetros de fibra óptica para unir la costa de Valparaíso con la provincia de Guangdong. La concesión tenía una vigencia de 30 años.
📡 Cronología de la presión estadounidense:
Paradójicamente, el mismo 29 de enero de 2026 — el día en que Chile anuló la concesión — el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China autorizó a China Mobile la construcción de los primeros 870 kilómetros del cable. El proyecto quedó en pausa en Chile, pero el mensaje geopolítico era inequívoco: Estados Unidos está dispuesto a sancionar a gobiernos aliados que faciliten la penetración china en infraestructura crítica, incluso en el dominio digital. Más del 95% del tráfico global de datos transita por cables submarinos; controlar estas rutas implica tener acceso privilegiado a información crítica y a flujos estratégicos de comunicación. Para Washington, un cable chino que conecte directamente Sudamérica con Asia representa una vulnerabilidad de seguridad nacional.
Venezuela, Chancay y el cable submarino no son casos aislados. Son los tres vértices de un triángulo geopolítico que define el nuevo campo de batalla en América Latina: el control de los recursos energéticos, el control de las rutas comerciales y el control de los flujos de datos. En cada uno de estos frentes, Estados Unidos ha respondido con fuerza creciente — bloqueos navales, aranceles punitivos, sanciones diplomáticas y, en el caso de Venezuela, intervención militar directa — para bloquear el avance chino.
El "siglo de Asia" podría ser para América Latina el siglo de la oportunidad perdida: el momento en que, seducida por la bonanza fácil de los commodities, renunció definitivamente a la promesa del desarrollo industrial autónomo. O podría ser el catalizador que finalmente obligue a la región a pensar estratégicamente sobre su lugar en la economía global. La diferencia entre un destino y otro no la decidirá Beijing ni Washington, sino las capitales latinoamericanas.
Pero el horizonte está en disputa, y la disputa no es solo económica. Es geopolítica, militar, digital y, en última instancia, civilizatoria. Venezuela ya ha sido escenario de una invasión militar que combinó bombardeos, captura de un jefe de Estado y amenaza de ocupación. Chancay es el campo de batalla comercial donde se dirime quién controla las rutas del Pacífico. El cable submarino es el frente digital donde se disputa el control de los datos del siglo XXI.
🧭 La encrucijada definitiva:
América Latina enfrenta hoy la encrucijada más decisiva de su historia contemporánea: integrarse al proyecto chino como proveedora de materias primas, someterse al realineamiento estadounidense como satélite dependiente, o construir una autonomía estratégica que ninguna de las dos potencias está dispuesta a conceder. La tercera vía no está en los manuales de ninguna de las dos superpotencias. Pero es la única que podría devolver a la región el control de su propio horizonte.