La polemología es un neologismo acuñado por el sociólogo francés Gaston Bouthoul para designar el estudio objetivo y científico de las guerras como un fenómeno social susceptible de observación. Bouthoul rompe con la tradición de estudiar la guerra solo desde la estrategia militar o el pacifismo moralizante, proponiendo integrarla como un capítulo fundamental dentro de la Sociología.
Bouthoul identifica tres grandes barreras para estudiar la guerra de manera científica:
El método polemológico se basa en una aproximación gradual que avanza en un "orden de objetividad decreciente", partiendo siempre de la descripción pura de los hechos materiales.
El aporte más revolucionario de Bouthoul es invertir el orden analítico. Dado que la guerra es un fenómeno destructivo y "espasmódico", la ciencia debe estudiar primero las perturbaciones que genera en la sociedad. A partir de estos efectos tangibles, Bouthoul formula su hipótesis funcional: si la guerra renace una y otra vez con nuevos pretextos, es porque en el fondo cumple funciones sociales esenciales y estructurales.
Bouthoul sugiere que la guerra actúa de manera silenciosa y trágica como una institución de relajación demográfica. Ante desequilibrios graves (exceso explosivo de jóvenes varones o una gran presión sobre los recursos), la guerra opera destruyendo "excedentes" humanos y reestableciendo de forma brutal el equilibrio entre población y recursos materiales.
Mientras Bouthoul estudia la guerra como fenómeno sociológico de masas, el jurista y filósofo Carl Schmitt analiza el origen de este conflicto desde la filosofía política. Schmitt define "lo político" a través de su famosa distinción existencial entre amigo y enemigo. Para desglosar esto, identifica tres umbrales de intensidad del conflicto:
Es el nivel más superficial del conflicto, situado enteramente en el ámbito del debate discursivo y retórico. Dos posturas se enfrentan con el único fin de persuadir o refutar al oponente mediante argumentos intelectuales. Las partes comparten un marco común de entendimiento, por lo que el conflicto puede resolverse a través del consenso. Es considerado un conflicto pre-político, ya que la existencia o la identidad de las partes no está amenazada.
Este nivel constituye el verdadero núcleo de "lo político". Aquí surge el reconocimiento de una enemistad existencial. El enemigo es visto como el "otro", el "extraño", cuya mera presencia plantea la posibilidad real de negar o destruir nuestra propia forma de vida. Schmitt aclara que el enemigo no tiene que ser moralmente malo ni comercialmente perjudicial. Resolver esta situación exige una decisión puramente existencial que solo pueden tomar las comunidades implicadas.
Representa el estallido material del conflicto armado y el uso manifiesto de la violencia física. Para Schmitt, la guerra no es el propósito, el fin ni el contenido de la política, sino su "presupuesto siempre presente como posibilidad real". La política verdadera no busca la guerra constante, pero se define porque mantiene a la guerra en su horizonte. Eliminar por completo la posibilidad de la guerra significaría eliminar la distinción amigo-enemigo y, con ello, erradicar "lo político".
La articulación de estos dos pensadores nos brinda un marco de análisis robusto: Bouthoul nos exige estudiar la anatomía (técnica, economía, demografía) de la guerra para poder algún día crear instituciones que la sustituyan de forma pacífica; por su parte, Schmitt nos advierte que no debemos caer en el optimismo ciego, recordando que en el fondo de las relaciones de poder subyace el conflicto existencial, y que la guerra marca la frontera última e insoslayable de nuestra realidad política.